miércoles, 2 de enero de 2013

Nacionalismo

¡Qué bien nos conocía Goya a los españoles!, y qué acertadamente nos retrató en algunos cuadros, como el de la Lucha a garrotazos.



Cuando, en Septiembre de 2011, escribí este post 
pensaba que el problema de los nacionalismos en España había llegado a emponzoñarse hasta niveles insospechados, difícilmente superables, y que el tiempo sólo podía serenar los ánimos y hacernos a todos más sensatos. "Seny y cordura" era uno de los atributos del pueblo catalán y, consecuentemente, debía serlo de sus líderes.
Ha pasado más de un año, unas elecciones generales, unas elecciones autonómicas, y la crisis económico-financiera, que nos llegaba ya a la rodilla, nos ha subido hasta los corvejones durante este tiempo. Y, sin embargo, el problema ya ni siquiera se llama nacionalismo, sino directamente separatismo. 
Se incita a la confrontación. Caiga quien caiga. Se propagan consignas (¡España nos roba!) que recuerdan las que se dictaban por los nazis en Alemania para señalar a los "enemigos de la patria". Argumentos que no resisten el mínimo contraste con la realidad o la historia. Burda demagogia ejercida por responsables políticos en sus discursos y declaraciones a los medios de comunicación. Pero, no hay más que pasear por los foros de internet, para comprobar cómo ha calado el clima de enfrentamiento entre amplios sectores de la población. 
Tenía razón Hitler, se crea una nación por medio de la educación.
¡Vaya comienzo de año 2013! 

lunes, 10 de diciembre de 2012

Chapeau para Forges


Escribe Forges, y reproduzco íntegramente, con respeto y admiración :

"Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.
Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana.
Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros.
Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

- Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
- Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.
- Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
- Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
- Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que, sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
- Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.

Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad, y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad."

Y Forges nos obsequia  con la siguiente perla


¿Regreso?

En silencio desde el 28 de Marzo.
Preocupado y ocupado en asuntos personales, que no necesito publicar.
Abrumado por el entorno.
Asqueado de nuestras clases dirigentes (políticos, banqueros, empresarios, sindicalistas, jerarquía eclesiástica,...).
Defraudado por una sociedad civil incapaz de reaccionar.  
Intoxicado por masticar en internet las noticias de cada día sobre crisis y corrupción como si fueran hojas de coca.
Muchas veces me he planteado si volvería a escribir, sin decidirme a dar una respuesta.
Voy a intentarlo

miércoles, 28 de marzo de 2012

Si España fuera una empresa...

...y los ciudadanos fueramos los propietarios...

Los de ciencias no entendemos muy bien lo del PIB (Producto Interior Bruto). Podemos entender la contabilidad, pero lo del PIB...Porque no es una magnitud que se pueda medir de forma objetiva. Es una cifra, podríamos decir que algo subjetiva, calculada mediante una fórmula bastante compleja.
En líneas generales se suele seguir la siguiente regla para calcular el Producto Interior Bruto:
PIB = Consumo + Ingresos + Gasto público + Exportaciones - Importaciones

En fin, dicen que el PIB es un indicador económico que refleja la producción total de bienes y servicios asociada a un país durante un determinado periodo de tiempo y se emplea a nivel internacional para valorar la actividad económica o riqueza de cada país.
Se usa como referencia para medir el déficit y la deuda del estado y su variación de un período a otro parece ser la clave para determinar la salud económica de un país
Lo bueno es que casi nadie conoce cual es PIB de España y, por eso, nos engañan hablando siempre de índices y %.
El PIB de España está ligéramente por encima del Billón de € (con todos sus ceros), lo que significa que un déficit del 8,5% en 2011 equivale a unos 90.000 millones de € gastados más de lo ingresado por el estado.
Si España fuera una empresa, los que presupuestaron unos ingresos ficticios, por no tener en cuenta la crisis, habrian salido a patadas del país, por incompetentes. Y si se demostraba que lo habían hecho de forma consciente, irían a la cárcel. Y los que decidieron gastar, alegremente, más de lo presupuestado, les seguirían por el mismo camino. 
Pensando que el gasto no financiero de los presupuestos del estado estaría sobre 150.000 millones de €, el déficit presupuestado estaba en torno al 40% de los gastos, pero la desviación real entre ingresos y gastos en 2011 habrá estado alrededor del 60%
Si España fuera una empresa, los propietarios cesarían inmediatamente de sus puestos a todos los políticos que hayan tenido responsabilidad en estas fechorías e inhabilitarían atodos los que defiendan seguir generando déficit.  
Cada año, los españoles tenemos que pedir dinero prestado para cubrir ese déficit y para pagar parte de las deudas de años anteriores que llegan a su vencimiento (así la bola de nieve sigue rodando y engordando).
Cuando la bola se hace tan grande que nadie se cree que podamos con ella, los prestamistas (a veces se llaman inversores, usureros otras veces) suben los tipos de interés. Y la bola se hace más pesada. Tanto que ni nuestros hijos ni nuetros nietos se librarán de ella.
¡Pedir 90.000 millones de €, a un interés del 4%, significa 3.600 millones de € anuales de intereses!  
Cualquier chiste de esos que nos cuentan cada día sobre la prima de riesgo o el diferencial con el bono alemán se puede traducir en 900 millones de € de extra coste por cada 1% adicional. ¿Cuantos médicos o maestros se pueden pagar con 900 millones de €?  
Si España fuera una empresa, aunque fuera una cooperativa, no habría propietarios protestando por los recortes, porque querrían liberar a sus hijos, lo antes posible, de las deudas contraídas a causa de errores pasados.
Si España fuera una empresa, al borde de la suspensión de pagos, no se permitiría que se siguiera dilapidando dinero en gastos innecesarios.
Si España fuera una empresa, se ajustarían los sueldos de todos, incluidos los políticos y los banqueros.
Si España fuera una empresa, se descubriría a todos los chorizos y se les haría devolver lo robado.
Si los ciudadanos nos sintiéramos propietarios y, por tanto, responsables de lo que pasaba, pasa y pasará en España,...   


miércoles, 21 de marzo de 2012

Ideas made in IKEA

Haciendo compañía a un familiar hospitalizado, aproveché algunas horas para leer unos capítulos de “La Historia de IKEA” (Ingvar Kamprad y Bertil Torekull – Ed. Actualidad Económica).
Es un libro autobiográfico de Ingvar Kamprad, el empresario fundador del Grupo IKEA. No es necesario presentar aquí la marca, ni la empresa ni sus productos. Han entrado en nuestras casas, como se dice coloquialmente, hasta la cocina. En él se cuentan las vicisitudes de un tenaz emprendedor, criado entre granjas, que a los 17 años ponía en marcha su primera empresa, de venta por correo, y que ha llegado a construir un verdadero imperio, con una facturación superior a 20.000 M€ y más de 120.000 empleados en 44 países.
No es lo más interesante conocer la maraña multinacional de empresas y fundaciones (nos perderíamos con ello) en que se ha convertido  actualmente IKEA, en parte para aprovechar de forma óptima las condiciones fiscales y de transmisión patrimonial en los distintos países, y en parte para preservar la marca y la idea de negocio.
Sin embargo, resulta más interesante tratar de entender el concepto o idea de negocio que el fundador ha grabado en el código genético de IKEA y que debe ser la razón fundamental por la que todos reconocen el posicionamiento diferenciador en el mercado.
Tan claro tenía Ingvar Kamprad el concepto de IKEA que, en 1976, redactó y publicó un texto titulado “El testamento de un comerciante de muebles”, articulado en nueve “mandamientos”, que constituye una verdadera biblia para el personal de la empresa. Y se resume así (juzgue cada cual, cliente u observador de IKEA, si responden a la realidad de sus experiencias):
1.       El surtido, nuestra identidad
La misión de IKEA consistiría en ofrecer un amplio repertorio de artículos de hogar, útiles por su forma y función, a precios tan bajos que puedan permitírselos la mayoría de las personas. Ámbito: todo el medio de la vivienda. Perfil propio, típico de IKEA y típicamente sueco, expresión de una manera de vivir más fácil, más natural, más libre. Funcionalidad y calidad técnica, adaptadas a los intereses del consumidor. Precio reducido, pero razonado, que no puede afectar a la función ni a la calidad.  
2.       El espíritu de IKEA
Fundado en el entusiasmo, el deseo de renovación, la actitud ahorrativa, la responsabilidad, la humildad ante los cometidos y la sencillez en el modo de ser. El trabajo no debe ser nunca un medio de vida. Sin entusiasmo en el trabajo desaparece un tercio de nuestra vida.
3.       Los beneficios son recursos
Para alcanzar los resultados necesitamos recursos. Sólo hay dos formas de obtener recursos, o bien gracias a los beneficios, o bien gracias a algún tipo de subvención. Toda subvención estatal procede de los beneficios que el Estado obtiene de algún tipo de actividad o a través de los impuestos que uno mismo ha de pagar. De modo que es mejor confiar en nosotros mismos a la hora de crear recursos económicos. IKEA los obtendrá vendiendo buena calidad a bajo precio, desarrollando los productos, vigilando el gasto, comprando mejor y reduciendo todos los costes
4.       Alcanzar buenos resultados con pocos medios
El despilfarro de recursos es un pecado capital en IKEA. Las soluciones caras a todo tipo de problemas suelen llevar la firma de personas mediocres. Ninguna solución es respetable antes de saber lo que va a costar. El despilfarro es más caro cuando afecta a cuestiones de la vida diaria, tales como: clasificar documentos que jamás vamos a utilizar, dedicar tiempo a demostrar que, pese a todo, uno tenía razón, posponer un asunto a la siguiente reunión porque no nos sentimos con ganas de asumir la responsabilidad en un momento dado, llamar por teléfono cuando podemos enviar una nota o un mensaje, etc.
5.       La sencillez es una virtud
Las reglas complejas conducen a la parálisis, la planificación exagerada es la causa más común de la muerte de las empresas, la sencillez fortalece, la gente de IKEA no se pasea en coches ostentosos en el trabajo ni se aloja en hoteles de lujo…
6.       Línea diferente
IKEA sigue su propio camino, se atreve con lo diferente. Le cosen los cojines en la fábrica de camisas y la de ventanas le proporciona buenas bases para las mesas, cobra más por los paraguas cuando hace sol y los vende baratos cuando llueve…Se resumiría en la pregunta “¿Por qué no?”
7.       Concentración de fuerzas: muy importante para nuestro éxito
No se puede hacer todo en todas partes al mismo tiempo y con el mismo nivel de intensidad. Si por concentrarse en una campaña publicitaria se desatiende temporalmente un asunto importante, como el sistema de seguridad, se resuelve exigiendo más honradez y lealtad a los colaboradores.
8.       Asumir responsabilidades: una ventaja
El miedo a los errores es la cuna de la burocracia, enemigo de todo desarrollo. Es una ventaja el derecho y el deber de tomar decisiones y asumir responsabilidades. Las personas mediocres suelen ser negativas, son las que invierten su tiempo en demostrar que no estaban equivocadas. Los fuertes suelen ser positivos y trabajar para seguir adelante. En IKEA, si nos roban un diseño, evitamos iniciar un proceso legal, puesto que eso es siempre algo negativo. Se resuelve al asunto mejorando el diseño objeto de la copia.   
9.       Casi todo está por hacer. ¡Maravilloso futuro!
“Sigamos siendo siempre un grupo de fanáticos optimistas”, que hacen posible lo imposible. Una empresa que considera haber alcanzado la meta, se estanca y pierde su fuerza vital. Una persona que, llegado el momento de su jubilación, piensa que ya ha hecho lo que tenía que hacer, se consume rápidamente.
 Los epígrafes son palabras textuales de Ingvar Kamprad, los resúmenes están extraídos del libro citado, usando sus propias frases.    

martes, 21 de febrero de 2012

Aprender a leer

Escribo esto en recuerdo de mis compañeros de trabajo, que hoy me han regalado un libro electrónico.
Tengo que, una vez más, aprender a leer.
Entre mis pocos recuerdos del colegio de monjas, donde comencé mis años de parvulario, está el de una fila de niños, en el pasillo, ante una señora vestida de negro - ni monja, ni maestra ni puericultora, por supuesto - que nos tomaba la lección a los que no avanzábamos al ritmo adecuado. Manteniendo una cartilla sobre sus rodillas, si fallabas, recibías un pescozón y volvías al final de la cola, para un nuevo intento. Así me inicié en la lectura.
Más tarde, en el Colegio del Pilar, un profesor -D. Timoteo, muy maestro a la antigua- nos hacía aprender y recitar largas poesías en lengua castellana. Todavía recuerdo fragmentos de algunas, "El Piyayo", "La canción del pirata".... Lo importante era memorizar lo leído, pero no nos enseñaron a declamar. ¡Lástima de ocasión perdida!. Más tarde hubo algún profesor, generalmente incomprendido por los alumnos de ciencias, que nos introdujo hacia la Literatura.
En bachillerato, leía con facilidad los libros de texto. Aprendí a respetar y cuidar los libros. Nunca he rayado ni escrito anotaciones sobre un libro (mis hijos son de otra generación). En la carrera había que leer con unas cuartillas al lado, para tomar notas. Aprendí a leer mis propios apuntes de clase, tomados a vuelapluma. Nunca conseguí leer los apuntes de otros.
Aprendí (¿?) a leer literatura, aunque muchos son los libros comprados, menos los empezados y muy pocos los completados. Hasta que se ha agotado el espacio en la librería de casa, el placer de la lectura comenzaba en la tienda, hojeando, saltando de un resumen a otro, acariciando el tacto del papel y las tapas.
Aprendí a leer prensa y revistas impresas, pasando sobre los titulares para encontrar alguna información que tuviera un punto de verdad.
Aprendí a leer en la pantalla del ordenador, saltando de casilla en casilla, como en un juego de ajedrez, tratando de esquivar la basura inutil que la red vuelca sobre nuestros ojos.
Aprendí a leer los textos de SMS que envíaban mis hijos, con abreviaturas indescifrables.
Aprendí a leer los correos electrónicos de amigos y compañeros de trabajo que, urgidos por el reloj implacable, no tienen tiempo para repasar la ortografía ni la sintaxis, haciendo de su lectura un trabajo doloroso.
Aprendí a leer presentaciones de powerpoint - como no estamos en Holanda, no creo que lo prohiban - donde el texto se escribe de forma sincopada, a la americana, en "bullets" (¡Nos disparan balas desde la pantalla!). Como aprendí a leer gráficas, formulas de excel y "scripts" de "macros".
Aprendí a leer los sentimientos en los ojos de las personas, el aburrimiento en el rostro de los alumnos, el desinterés en la postura de los clientes y la desconfianza en la voz de los empleados.
Cuando creía que había leído mucho de todo, como atestiguan mis operaciones de cataratas, me invitan, de nuevo, a aprender a leer en un libro electrónico.
Con un curriculum así como lector, tan anárquico, ¿seré capaz?.
Gracias por proponérmelo.           

martes, 31 de enero de 2012

JUBILADO

65 años cumplidos. Todos los trámites realizados. ¡Estoy administrativamente jubilado!
Pero, sin darme cuenta, la historia empezó hace unos meses, cuando recibí una amable carta de la Tesorería General de la Seguridad Social, comunicándome que
a) Cumplía las condiciones para jubilarme
b) Me ofrecían la exoneración del pago de algunas cotizaciones sociales si, a cambio, dilataba mi fecha de jublación.
Así que, me tomé el pulso, me puse frente al espejo y, mirándome a los ojos, me pregunté ¿Qué vamos a hacer? 
Entonces, caí en la cuenta que ya hacía tiempo que sólo me enfadaba en casa, con la familia. Que hacía meses que no discutía con Álvaro, ni con Alberto, ni Fernando, ni Pedro, ni Carmina, ni Pepe, ni Diego, ni José Antonio, ni Jorge, ni, ni...
Sin darme cuenta, el día que callé, aunque discrepaba del Director de mi empresa, había entreabierto la puerta de la Jubilación. El día que, estando en desacuerdo con un compañero de proyecto, le dí la razón sin más discusión, la abrí un poco más. El día que, ante un cliente que no cumplía el plan de trabajo establecido, me mostré condescendiente, la terminaba de abrir.
Es así como ha sucedido. Cuando he sido consciente que estaba renunciando a dar valor añadido a mi Empresa o a sus clientes, dejando de pelear por lo que creía correcto, callando en la discrepancia, estaba psicológicamente jubilado. 
Ahora toca dar más valor añadido a mi familia, y a la sociedad, si es posible.